la catastrofe

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martes, 9 de junio de 2009

Porno mexicano: la crisis de un tabú

Humberto Sesma Vázquez
México se encuentra entre los diez primeros lugares en el mundo en consumo de pornografía filmada legal e ilegalmente, y de acuerdo con la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI), ocupa el segundo lugar mundial en visitas y creación de sitios Web dedicados al porno, según revela un estudio realizado por Microsoft en 2008.1
Los filmes eróticos y pornográficos comenzaron a producirse casi tan pronto se inventó el cine, y se empezaron a exhibir en nuestro país desde principios del siglo pasado, llegando con la única demora que implicaba el viaje en barco. En su libro Los orígenes del cine en México 1896-1900 (México, FCE, 1983) Aurelio de los Reyes refiere que entre 1899 y 1900 se realizaron “proyecciones sólo para hombres” en las ciudades de Puebla, Guadalajara y Distrito Federal, que eran cortometrajes producidos en Europa donde se podían apreciar mujeres en sus entonces ropas íntimas y escenas de abrazos y besos, y que provocaron no solamente una gran animación del público masculino, sino también una gran controversia y la inmediata censura porfiriana.
Pero como todo lo prohibido causa invitación, tuvieron que pasar sólo cinco años para que en 1905 un compatriota alto, gordo, voyerista y rico (algunos investigadores de cine mexicano sospechan que probablemente se tratara de Arturo Alturraza, pionero en producir y editar material fílmico pornográfico en el país), armado con una cámara de aquellos años, se convirtiera en el primer productor de cintas pornográficas a nivel nacional, usando hoteles de paso en Puebla como escenarios y parejas de huéspedes ocasionales como actores, para editar y proyectar él mismo (sin el consentimiento de nadie, excepto del público ansioso por ver) sus cortometrajes de sexo explícito en el Cinema Venecia, que estaba en la calle de la Santa Veracruz, atrás del Palacio de Bellas Artes, en pleno centro de la capital. Fue el mismo Alturraza quien en 1914 intentó por primera vez y sin éxito, que las autoridades reglamentaran la producción y exhibición de pornografía en México.2
Resulta irónico que la industria cinematográfica nacional haya surgido formalmente a partir de 1917, cuando ya había organización, producción y exhibición de películas porno.
Desde esos años y hasta finales de los 50, se exhibieron en México (abierta o clandestinamente) películas pornográficas de distintas partes del mundo. La Filmoteca de la UNAM tiene en su acervo un total de 41 cortometrajes con una duración de entre uno y 20 minutos, que recuperó a partir de investigaciones, donativos o compras a coleccionistas. De ellas, 26 son realizaciones mexicanas.
Entre las películas nacionales más antiguas en este acervo están El sueño de fray Vergazo (donde por primera vez aparece un homosexual) y Las muchachas, probablemente realizadas a finales de la década de los 20. La característica de estos filmes es que, a diferencia de los que les precedieron, los productores intentaron, por primera vez, recrear una historia con base en un guión.
Foto: Cuartoscuro/Germán Romero
Además de constituir, quizá, un tesoro en este género de la cinematografía mundial, resulta bastante ameno ver escenas explícitas de sexo a 20 cuadros por segundo, mudas aún, sin ninguna pianola haciendo de fondo musical, y con cartelitos entre escenas con frases como: “Qué hermosa eres”, “Qué ricos senos”, “¡Así, así se siente delicioso!” y además súper maquillados todos y con las ropas de entonces y cuya calidad no desmerecía de lo producido por Buster Keaton o Charles Chaplin.
Durante la llamada época de oro del cine mexicano la importación y exportación de filmes porno continuó de manera ascendente, aunque se exhibían en la clandestinidad. Llegado el periodo del llamado cine de ficheras, en la década de los 70 y 80, se produjeron en México, ya con ciertos permisos, diversas películas del género, que podían ser vistas sin complejos en el cine Teresa, el Río o el Savoy, aunque las casas productoras guardaron absoluto anonimato. Tan sólo aparecían los actores con sus seudónimos y el nombre del director (quizá también con seudónimo). A este periodo pertenecen el ciclo de las películas de “hoteles”: Hotel Tlalpan, Hotel Xochimilco, Hecho en Tepito, además de las importadas, especialmente de Estados Unidos y Europa.
A finales del siglo XX, la producción pornográfica nacional tuvo un impasse, debido a que los formatos en que eran realizadas (Beta y VHS) fueron pirateados y podían conseguirse comprados o rentados hasta en los puestos de periódicos por diez pesos, cuando los originales costaban entre 80 y 120 pesos.
A partir del año 2000, la Internet y los nuevos formatos como DVD levantaron grandes expectativas entre los cineastas porno mexicanos, pero la ilusión fue pasajera. Producir y distribuir es caro y la recuperación de lo invertido es incierto. Ya no digamos las ganancias.
Actualmente sólo hay una productora de cine porno mexicano (homosexual) sustentable y en progreso: Mecos Films
(www.mecosfilms.com) además de una gran cantidad de pornógrafos anónimos que no buscan fama, sino sólo exhibirse y tal vez algo de dinero, a quienes distribuidoras como Wham Picture rechazan porque sus videos son de muy mala calidad y entonces los suben a blogs y páginas porno. Y nada más.
El marco legalLa industria cinematográfica nacional surge por el año 1917, cuando Azteca Film, fundada por Mimí Derba, produjo cinco largometrajes de ficción capitalinos, que nada tenían que ver con lo erótico, pero que abrió la puerta para que las autoridades miraran con seriedad la producción de cine y regularan, al menos, las exhibiciones.
Sin embargo, fue hasta 1941 que el Congreso ratificó el acuerdo firmado por Lázaro Cárdenas unos años antes, que obligaba la exhibición de películas mexicanas en todo el país, pero no abundaba sobre contenidos o clasificaciones y permisos. El 14 de abril de 1942 fue creado el Banco Cinematográfico con apoyo de la presidencia de Manuel Ávila Camacho, quien se percató de la necesidad de regular la producción y exhibición de cine, pues ésta iba en aumento, al igual que los monopolios de dicha industria. Los apoyos gubernamentales consideraban la exención de impuestos por exhibición sobre las películas nacionales y sobre la importación de materiales y equipo, situación que benefició a todos los géneros del celuloide, incluido el porno.
Fue hasta 1949 que se creó una ley específica para la industria cinematográfica. Esta ley tuvo algunas reformas en 1952. Sin embargo, tuvieron que pasar aún 40 años para que surgiera la Ley Federal de Cinematografía, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 29 de diciembre de 1992.3
En el marco de la creciente producción e importación de películas porno o de contenido altamente violento se publicó en 2002, bajo el gobierno de Vicente Fox, el acuerdo mediante el cual se expiden los criterios para la clasificación de películas cinematográficas. Aunque ya era obligación contar con permisos de la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) de la Secretaría de Gobernación desde la ley de 1992, no fue sino hasta la publicación de este acuerdo que se hicieron públicos los criterios para la clasificación del cine según género y público: AA, A, B, B15, C y D (antes sólo A, B y C) en donde el género porno está en la clasificación D. De este modo la producción pornográfica en México es legal, siempre y cuando cumpla con los permisos y registros de RTC y pague sus respectivos derechos e impuestos.
Pese a ello, la legislación mexicana sobre la materia aún deja muchos vacíos en lo que respecta a la producción y edición de este género de cine, como la contratación de actores, las escenas y todo lo que pueda aparecer en la película. Por ejemplo, en Estados Unidos, el país número uno en producción y consumo de cine porno, es ilegal que los actores aparezcan con máscaras, el sadomasoquismo, la tortura o incluso la sangre, o que en las escenas no haya tomas de sus rostros y gestos, debido a que en estas circunstancias se puede interpretar que no hay consentimiento explícito del actor para la realización de tales escenas y la ley estadounidense puede proceder por tortura o violación sexual contra los productores. Con esto ya sabemos que todo este tipo de material generado en aquel país y que puede ser comprado en Tepito o en Internet, es ilegal.
En Japón por ejemplo la pornografía es legal siempre y cuando las imágenes de coito o de sexo oral sean pixeleadas o difuminadas, razón por la cual la producción porno de Japón no se consume fuera de aquel país (nadie quiere ver porno donde se bloquee la imagen de lo que más interesa) y en cambio, ellos son grandes consumidores de pornografía, especialmente latina, por las mismas razones. Circunstancia aparte e irónica es que, a diferencia del porno con personas, el cine hentai (caricaturas pornográficas) japonés no es censurado en las mismas imágenes que el cine real.
Hecho en MéxicoLa legalidad de la producción de pornografía, el boom en la venta de cámaras a bajo costo (desde las famosas ocho milímetros en los años 80 hasta las videocámaras domésticas a finales de los 90) y las ganas de hacer este género de cine, además de la posibilidad de abrir mercados y hacer buenos negocios, motivaron a muchos mexicanos (la mayoría cinéfilos amateurs) a intentar producir cine porno durante los últimos 20 años del siglo XX. En el intento muchos fracasaron y perdieron, sobre todo por dos razones: la producción nacional era malísima y no podía competir con la extranjera y la piratería. Productoras surgían y desaparecían tras su primer rodaje. Incluso hubo algunas películas que ni siquiera alcanzaron a distribuirse porque ya la piratería se había encargado de hacerlo.

“En México no hay talento para este género, sólo se hace por placer”, aseguró hace algunos años la cineasta y pionera de cine porno mexicano Hena Morán, cuya productora, Exxxpose Producciones, con sede en Mérida, Yucatán, realizó varias películas pornográficas heterosexuales, primordialmente con enfoque en la mujer, como Platillos violadores (2000), Obsesión oscura (2001) y el audio cassette Historias Calientes. “La diferencia es el profesionalismo, la calidad de los aparatos que alquilan y las ganas que se tenga de hacerlo. La mayoría (de productores) lo hace dizque para hacer dinero rápido, pero lo hacen mediocremente y no te dan la cara. Conozco a cinco productores mexicanos que si les piden una entrevista no te contestan. ¿Cómo es que hacen algo que les deja tan bien para comer, según ellos, y se avergüenzan?”.
Para Morán el cine porno estadounidense es más “circo, maroma y teatro”, algo totalmente irreal, en comparación con el cine europeo que es “bastante sofisticado y costoso”. En México “no contamos con los medios ni los recursos que ellos tienen, por lo tanto no podríamos competir más que con talento”. Sobre los costos de producción Hena Morán se niega a comentar detalles, pero asegura que es por lo menos cinco veces menor que en Estados Unidos.4
Morán asegura que el mejor cine porno gay que se hace actualmente en México es el mejor. Y tiene razón.
En 2004 Gerardo Delgado, chef de profesión, estudiante de derecho, actor y cinéfilo, se asoció con un amigo para rodar la primera película porno gay mexicana de éxito: La putiza (2004), a la que siguió La verganza (2005) y la trilogía de Selección mexicana (2006-2007).
La putiza es una película cuya trama se realiza en el ámbito de la lucha libre, tuvo un costo de 500 mil pesos y recibió dos premios en el Festival de Cine Porno de Barcelona: mejor guión y mejor película gay 2004. En México fue hasta un éxito mediático para la comunidad gay. Fue distribuida por Wham Picture, la más grande e importante distribuidora de cine porno en México. Todo en la producción de estas películas fue original: desde el concepto hasta la musicalización, y fue aderezada con efectos especiales en la post producción.
Desafortunadamente, La putiza y La verganza no pudieron exportarse a Estados Unidos (por el uso de máscaras y otros efectos) aunque tuvo gran demanda en Europa y Japón. La verganza, en cambio, pasó casi desapercibida en México pero no en el extranjero.
En 2006 Delgado fundó Mecos Films su productora, y comenzó el rodaje de la trilogía de Selección mexicana, que se distribuyó muy bien en Estados Unidos y cuya trama es un reality show que aborda el tema de la industria porno gay en México. En su página Web ofrece diversos servicios, como mensajería, videos gratuitos, enlaces y chat. Pese a todo, aún no es negocio.
Actualmente está en proceso de casting para rodar Corrupción mexicana, que tendrá como trama este problema social que afecta a la sociedad y a las instituciones, y que será lanzada en marzo o abril de este año.
Mexican porn starsLos actores porno mexicanos prácticamente trabajan por amor al arte y a su exhibicionismo. Oscilan entre los 18 y los 25 años de edad y ganan muy poco. Gerardo Delgado afirma sin problemas: “Nuestros actores ganan cinco mil pesos por escena. Si nuestro protagónico realiza seis escenas, ganará 30 mil pesos. Y así”. De sus actores, sólo Alonso (La putiza y La verganza) causó sensación en Estados Unidos y fue invitado por productoras de aquel país, donde actualmente continúa su carrera. Pero la mayoría de sus actores sólo aparecen en una película, “cumplen su sueño, su fantasía, y se van”.

Y lo mismo sucede en las películas porno heterosexuales. La mayoría de actores son ocasionales, y los que se profesionalizan en este género, prefieren guardar absoluto anonimato, a diferencia de los actores estadounidenses, europeos o asiáticos, que se convierten en porn stars y celebridades reconocidas en el mundo.
Hay mexicanos actuando en Estados Unidos que no iniciaron su carrera en nuestro país, sino que hicieron casting o fueron invitados a actuar y llegaron para quedarse. Entre ellos están Daysi (que además actúa en películas mexicanas exclusivamente para Internet), Rubí, Fabiola, Bibí, Natalia, Tamara, Carlos, Esteban y Freddy (y el propio Alonso, en cine gay), que realizan cine porno latino, mientras que hay tres consagradas en el cine anglosajón: Adriana Sage, Haley Paige (fallecida en 2007 a los 25 años de edad) y Sativa Rose. Y además está Buck Angel, el primer y único porn star transexual masculino, nacido en Yucatán, con gran éxito en el mercado del género en el país del norte.
Industria en crisisDiversos factores han frenado la proliferación y el éxito de productoras de cine porno en México, a pesar del enorme mercado que hay en nuestro país. El principal: la piratería, pero también la producción misma, porque la tendencia actual en esta industria ya no es el DVD o formatos portátiles, sino la venta directa mediante descargas en Internet.

Por ejemplo, La putiza se vendió muy bien los tres primeros meses, hasta que cayó en la piratería y cayeron las ventas. La verganza tardó sólo tres días en entrar a la piratería, cuando Gerardo Delgado apenas estaba en los arreglos para la premier.
Y las cifras en la industria de la distribución son alarmantes: de acuerdo con Luis Llano, ejecutivo de marketing de Wham Picture, tan sólo en 2008 las ventas de películas pornográficas originales cayeron en 50%. En ese año, según cifras oficiales, se autorizaron 27 películas porno para exhibición pública y 28 para venta y renta, ninguna de ellas mexicana.
La última película mexicana que Wham Picture comercializó con éxito fue Barro ardiente (2007), cuyo casting se realizó en la ciudad de México el miércoles 28 de junio de 2006, ofreciendo a los actores sueldos desde siete mil 500 hasta 20 mil pesos diarios, coproducida por Private G. Channel y Venus Channel.
Pero por entusiasmo no ha quedado. Wham Picture recibió en propuesta en 2008 tres películas porno mexicanas, que no comercializó porque no cumplieron con los estándares de calidad que la empresa exige. “Eran pésimas, sexo casero con cámara fija, sin editar, sin guión, sin post producción, les tuvimos que decir que no”, señaló Luis Llano. Pero sus creadores no se desilusionaron. Las tres pueden comprarse en Tepito de todos modos o verse en Internet en cualquier blog o página mexicana, porque además, amateurs o no, casero o no, el porno mexicano tiene alicientes para instalarse en la Internet, como la ayuda que proporciona el blog vicisitudysordidez para que cualquiera monte su propia productora porno (www.vicisitudysordidez.blogspot.com/2007/06/lecciones-de-cine-cmo-montar-porno.html).
Las pérdidas para la industria cinematográfica mexicana en general se estiman en el orden de los 500 millones de pesos anuales, pero en el género porno son incalculables. Baste decir que prácticamente nadie (ni Exxxpose Producciones, ni Mecos Films ni Venus Channel han obtenido ventajas o ganancias sobre sus obras en México). Apenas en abril de 2008, la PGR y las industrias cinematográfica y discográfica crearon la la Asociación Protectora de Cine y Música (APCM).
De acuerdo con la Procuraduría General de la República, hasta el primer trimestre de 2008 se habían asegurado 18 millones de videogramas piratas, y aunque no se puede precisar a qué género pertenecen, se calcula que por lo menos el 50% era material pornográfico.
La caída libre en las producciones legales parece inminente. Al menos en 2009, sólo Mecos Films tiene planeado rodar una nueva película (Corrupción mexicana), y la mayoría tiene que irse a los mercados extranjeros al menos para salir tablas, pues México es el país más castigado por la piratería. Wham Picture ha dejado en segundo lugar su principal actividad, la venta y distribución de cine porno, por la venta y distribución de juguetes sexuales.
Y es una lástima para inversionistas, cineastas, actores y productores, porque México es, por la razón que fuere y que merece otro análisis muy aparte, uno de los más grandes consumidores de pornografía.

1 Citado en:
www.amipci.org.mx/en_los_medios.php?mcmvme= cinco912 Referido por Miguel Ángel Morales en su Blog: http://miguel angelmoralex-porno.blogspot.com/2007/03/de-mxico.html3 Fuente: www.tuobra.unam.mx4 Referido durante una entrevista con Vera Mojica en www.gentesur.com.mx

Canal Once: ¿cumpleaños feliz?

Luis Torres Albarrán

De aquella legendaria clase de matemáticas que marcara el inicio de transmisiones de Canal Once –el 2 de marzo de 1959– han trascurrido ya 50 años, de los cuales, los últimos 20 bien pueden considerarse los de la consolidación de la televisora del Instituto Politécnico Nacional como el medio público más importante de México.
Las administraciones de Alejandra Lajous (1991-1994/1995-2000) y Julio Di-Bella (2001-2007) no sólo sortean las dificultades técnicas que hacían prácticamente imposible sintonizar el canal aun en la ciudad de México, sino que concretan una reorganización administrativo-financiera que permite optimizar los recursos de la emisora, crear un sello propio para su pantalla y llevar sus contenidos a casi cualquier localidad de la República, EU, Canadá y buena parte de América Latina.
De cara al primero de sus próximos 50 años, Canal Once enfrenta una serie de retos –que van desde la conclusión del proyecto de conversión digital hasta la consecución de una personalidad jurídica plena, sin descuidar, por supuesto, la calidad de su programación–, de la mano de Fernando Sariñana, de oficio cineasta, con experiencia en televisión, si acaso, a través de la publicidad y el videoclip.
El estilo Canal OnceEl primer problema que enfrenta Alejandra Lajous cuando llega a dirigir Canal Once es descubrir que el gobierno había decidido quitarle su transmisor a la emisora desde los días de la revuelta del 68, por temor a que por medio de su señal se ventilarán las ideas de los estudiantes:
“Para rescatar para Canal Once y para el Politécnico su transmisor se requirió de un decreto presidencial: con el apoyo del presidente Carlos Salinas de Gortari de una manera extraordinariamente expedita logramos ese decreto”.
Una vez recuperado el transmisor –que hasta entonces había estado bajo resguardo de Imevisión, en ese momento a punto de convertirse en lo que hoy es TV Azteca–, Lajous emprende una profunda limpieza de la emisora, a fin de resolver los graves problemas administrativo-financieros en que estaba sumida:
Nuevamente, con el apoyo de Salinas de Gortari, sus gestiones logran de parte de Hacienda la denominación “Unidad Responsable”, lo que permitiría una directa asignación de recursos para Canal Once vía presupuesto del Politécnico –que más adelante se verían complementados gracias al Fideicomiso de Apo-yo a Canal Once, también instrumentado durante su administración–, así como la posibilidad de reorganizar al personal bajo su mando.
En la que ella misma considera una de las negociaciones más complicadas al frente de la televisora del IPN, Alejandra Lajous decide reducir la plantilla labora de mil 350 a tan sólo 450 empleados:
“Fue un proceso largo, complejo e inclusive, diría yo, riesgoso (...) Si eso salía mal, desde luego que yo me iba (...) Fue una reducción drástica, la mitad del personal, pero logré conservar el presupuesto; entonces, los que se quedaron pudieron recibir salarios, si no gloriosos, por lo menos dignos”.
Concluida la transformación administrativa de la emisora, es por fin el momento de ocuparse de lleno de los contenidos de la pantalla de Canal Once. Luego de visitas a televisoras públicas de diferentes ciudades del mundo, Lajous –que entonces se perfilaba a su segundo período como directora general– cae en la cuenta de que lo primero era definir lo que ella denomina el estilo Canal Once:
“Decidí ubicar a Canal Once en el espectro más accesible de lo que podemos denominar cultura (...) Le metí mucha ilusión y mucho gusto: el área que se desarrolló para niños; los primeros documentales sobre naturaleza hechos por Fabricio Feduchy; entramos con lo de cocina, programas de viajes; modificamos la barra matutina dedicada a las amas de casa con Diálogos en confianza; logramos, bajo la dirección de Sergio Uzeta, un noticiario sobrio, concreto, objetivo.
“El conjunto significativo fue conformar un estilo y unir, amalgamar ese estilo también con una imagen visual de Canal Once (...) Teníamos que transformar la programación, pero también la imagen: rediseñamos el logo, todos los promocionales (...) Esos fueron grandes cambios que crearon un estilo”.
Estilo que, de cara a los desafíos que representa la llegada del nuevo milenio, la administración de Julio Di-Bella no tiene empacho en usufructuar, con la pretensión de hacer de Canal Once la referencia por antonomasia en el ámbito de los medios públicos de México y América Latina.
Orgullo... pero también frustraciónA decir de Julio Di-Bella, cinco son los grandes legados de su administración: la utilización racional y transparente de los recursos propios y autogenerados; el avance en el proyecto de convergencia digital; la consolidación de sus noticiarios como espacios plurales e incluyentes; la certificación en ISO 9000 de todos los procesos del canal, y la amplia rentabilidad social de su programación.
De estos cinco, puede que el segundo sea el que le represente mayor orgullo y satisfacción, luego de casi siete años al frente de la emisora del Politécnico:
“Me tocó impulsar el proyecto de convergencia tecnológica: entregué el canal con 80% de avance en digitalización, con nuevas estaciones repetidoras en el país –las cuales incrementaron la cobertura– y también con una renovación del control maestro de transmisión; la conversión del cerro del Chiquihuite y su instalación del transmisor, el inicio y puesta en marcha del transmisor digital y, finalmente, la reconversión de cabinas y salas de edición y post-producción”.


Son, precisamente, la posibilidad de transformar las instalaciones del Chiquihuite y el compromiso de avanzar en el proceso de convergencia digital dos de las tres razones por las que Di-Bella acepta la ratificación como director general de Canal Once de parte del presidente Felipe Calderón hacia finales de 2006. La otra: la voluntad de insistir en la creación de medios públicos, que no oficiales, consistentes y fuertes.
Paradójicamente, esa misma voluntad le llevaría a renunciar al cargo menos de un año después para, en octubre de 2007, incorporarse como secretario técnico del grupo plural del Senado para la reforma legislativa en materia de radio y televisión.
Parece una buena oportunidad de lograr un avance significativo en la batalla por consolidar la figura de los medios públicos; al final, sólo le quedaría una gran frustración:
“Mucha gente me pregunta cómo era que dejaba, estando ratificado, la dirección del canal. Estoy convencido de que la ley se requiere. Sé y asumo la parte que me corresponde a mí en la parte de si salió o no salió la ley...
“Me he quejado diez años de que no hay una (reforma a la) ley de radio y televisión. Como director de Canal Once, sin esa reforma, a mi juicio, no tenía mucho más que aportarle a la televisora; no tenía el Estado mexicano, el país, el tema en sus prioridades: ¿a qué me quedaba? (...) Mi aspiración era convertir a Canal Once en la tercera cadena de televisión –pública– del país. No lo iba a lograr mientras no hubiese reforma”.
Hacia nuestro centenarioAun cuando la corrección política les impone abstenerse de emitir opinión alguna respecto del primer año de Fernando Sariñana al frente de Canal Once, tanto Alejandra Lajous como Julio Di-Bella aceptan enumerar los que, a su juicio, se perfilan como los desafíos que la emisora del IPN deberá atender de manera prioritaria en caso de que quiera llegar a festejar otros 50 años de transmisiones.
Para Lajous, la clave está en que el canal conserve la lealtad a su vocación de servicio público; para Di-Bella, el acento está en el avance tecnológico, sin por ello dejar de considerar el mismo punto que su antecesora.
En el punto en que ambos coinciden casi hasta en los mismos términos –en vísperas del lanzamiento de la primera batería de estrenos de la administración Sariñana, hacia mediados de marzo– es en el de señalar el riesgo de ceder a la tentación de imitar a las televisoras comerciales: por esa senda, advierten, Canal Once perdería su razón de ser al grado de, inevitablemente, despeñarse al fracaso.
Hay prioridadesFernando Sariñana –dice su currículo disponible en la página Web de Canal Once– empieza a estudiar economía en la Unitec, pero finalmente obtiene la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la UAM-Xochimilco, así como una maestría en cine y televisión y un diplomado en administración de empresas, dirigido al área de entretenimiento, en la Universidad de Los Angeles, California.
Luego de su debut como director y guionista de largometrajes en 1994 con Hasta morir, de 1999 a 2005, produce y dirige cintas tan desiguales como Todo el poder, Atlético San Pancho, Ciudades oscuras –de lo más rescatable de su carrera, oficialmente seleccionada en festivales como los de Chicago, Munich, La Habana y San Sebastián–, Amarte duele, y Niñas mal, entre otras.
Es a este hombre –cineasta comercial de mediano cartel– a quien el presidente Felipe Calderón le invita a hacerse cargo de la dirección general de Canal Once durante su sexenio, cargo que asume oficialmente el 21 de enero de 2008, con un discurso de apenas 15 minutos en el que se compromete a trabajar para que la emisora del IPN siga cumpliendo su misión de “generar y transmitir contenidos que impulsen y fomenten el desarrollo humano”, a fin de llegar a ser “el medio de comunicación público más importante de México, líder en la generación y transmisión de contenidos educativos y culturales de habla hispana”.
Es a este hombre –quien una semana después de su toma de posesión reconocería carecer de programa de trabajo para su nueva encomienda (Proceso 1631/3 de febrero de 2008)– a quien etcétera busca para conocer cuáles y de qué tipo serán las producciones mediante las que buscará que Canal Once siga siendo un espacio para el debate respetuoso y la reflexión; qué estrategia seguirá para aprovechar al máximo los recursos de la emisora, que para 2009 ha recibido un presupuesto de casi de 530 millones de pesos, según información disponible en la página Web de la secretaría de Hacienda; cómo encabezará la batalla para lograr el soporte jurídico que permita la permanencia y el fortalecimiento del canal.Es a este hombre a quien Erika Zapata, directora de Enlace (¿?) de Canal Once, niega –muy probablemente por instrucciones de mandos superiores– cuando no con el argumento de que “el maestro está de viaje”, con el de que la posibilidad de que se concrete la entrevista es prácticamente nula, porque toda la atención está puesta en la organización del festejo del 50 aniversario para mediados de marzo, para luego prometer ver qué se puede hacer y, sin mayor problema, dejar que pasen los días y no volverse a comunicar.
Con gente que tiene así de claras sus prioridades, ¿tendrán los televidentes de Canal Once razones de ver-dad para celebrar un año más –el del cincuentenario– y esperar con ilusión los que están por venir?

Hacer más, ¿con menos?En prácticamente cada una de las entrevistas que concedió durante su gestión al frente de Canal Once, Julio Di-Bella se ufanó de haber impulsado una utilización de recursos “racional”; pero, sobre todo, de “hacer más con menos” a través de los recursos propios y los autogenerados. Lo curioso es que, por lo menos de 2001 a 2006, el presupuesto autorizado para la emisora del IPN... ¡registró incrementos año con año!

Año Presupuesto autorizado2001: 173 millones 409 mil 300 pesos2002: 186 millones 950 mil 600 pesos2003: 196 millones 689 mil 600 pesos2004: 222 millones 377 mil 100 pesos2005: 238 millones 466 mil 700 pesos2006: 270 millones 811 mil 500 pesos2007: 220 millones 656 mil 853 pesos

LTA(con información de Once TV Informe 2006 y www.shcp.gob.mx)

Voto nulo y PRI esencial

José Blanco
La cultura política en México no cambia, o no lo hace en temas esenciales para la convivencia democrática y para la construcción del futuro de la nación. El ethos político de la sociedad es esencialmente priísta.
Por más de 60 años tuvimos una hiperpresidencia con poderes metaconstitucionales. En el origen fue una necesidad histórica en una sociedad hondamente dividida. Luego se convirtió en un factor de conveniencia para esa misma Presidencia que anuló siempre la división de poderes y manipulaba corporativamente a la sociedad.
Abundan las naciones modernas que son hijas de unificaciones mediadas por procesos –no exentos de violencia– por los que se impusieron finalmente los grupos dominantes. Son países en los que aún quedan huellas de su origen multinacional. Es el caso de Francia; el de España, que nadie sabe si habrá un día conclusión política consensuada en su diversidad nacional; o los casos tardíos de Italia y de Alemania. Es el caso inclusive de Estados Unidos, cuya final unificación estuvo mediada por una cruenta guerra de serios intentos de secesión por los esclavistas sureños.
La unificación porfirista fue un acto de centralización por la fuerza. Pero después de esa unificación relativa, la sociedad tuvo desarrollos económicos de los que surgieron nuevos grupos sociales en las clases económicamente dominantes, excluidas del mundo político. Una revolución hubo de producir las condiciones para llegar a una nueva unificación autoritaria con Calles.
Los grupos políticamente dominantes mexicanos no se propusieron incorporar elementos estructurales de largo plazo para construir un piso mínimo de igualdad social entre los mexicanos. Por el contrario, esos grupos, que terminarían siendo el PRI, hallaron en la división social y en la desigualdad una fuente permanente de su poder político.
Pero el país siguió creciendo y diversificándose. A principios de los años 60, México dejó de ser un país predominantemente rural. Las clases medias crecieron. Pero la desigualdad continuó siendo reproducida por mil caminos y la sociedad siguió dividida.
Cuando el PRI perdió el poder político, emergió la diversidad y la desigualdad aun con mayor fuerza. Una sociedad dividida produjo un gobierno dividido, pero hasta el día de hoy los partidos políticos no lo asumen. Los partidos “grandes” sueñan, en su alma priísta, con el carro completo. Las presidencias del PAN han sido una suerte de caricatura de lo que fueron las priístas, incluyendo el uso de las ruinas (en algunos casos no tan arruinadas) de las riendas de los controles corporativos.
Muchos ciudadanos viven en el desánimo de ver el mundo político mexicano y el actuar de los políticos. El sentimiento expresado con rabia no hace mucho por los argentinos parece recorrer hoy franjas amplias de la sociedad mexicana: que se vayan todos. Eso quiere la propuesta del voto nulo. Pero no es sino otro sueño. No se irán.
En las elecciones intermedias siempre hay una mayor abstención que en el voto de las presidenciales, y nos hemos habituado a ver el hecho como “normal”, no como una anomalía del sistema político. Esta vez la abstención será mayor (en abril algunas encuestas la hacía llegar hasta 70 por ciento), y en 30 por ciento de los potenciales votantes ganaban aun los indecisos.
El desencanto con los partidos, el gobierno y la política nace de su proverbial ineficacia. No han sido capaces de asumir un gobierno dividido, menos aún de producir un proyecto de futuro de largo plazo que se sostenga más allá de los periodos electorales. Una ruta que nos saque de la postración y el subdesarrollo. Y son los partidos los únicos agentes posibilitados de generar ese acuerdo en lo fundamental. No lo hacen, no sirven. Los proyectos “societarios”, creo, son un sueño más.
Los abstencionistas definitivos, ni modo, han decidido dejar que ese 30 o 35 por ciento de votantes decida cómo integrar la Cámara de Diputados y las alcaldías en juego. Muchos abstencionistas creen que así “castigarán” a los partidos. Los del voto nulo, en cualquier modalidad, creen lo mismo: que los políticos se enteren que repudiamos su existencia en los términos en que ejercen la política. Es por supuesto una ingenuidad creer que esos “castigos” van a modificar la política y los partidos. Nada cambiará por el hecho de que fuera 20 o 10 por ciento de los electores quienes configuren la composición de la Cámara: cualquier cifra será tomada por los elegidos como la cifra electoral realmente existente y posible. Sería legal y cada uno tendrá su silla con tres o con cinco votos. En el sistema político mexicano ningún diputado es responsable frente a los electores, de modo que abstenciones y votos nulos les importan en la medida en que su voto duro es de distinto tamaño. Se crea así una división más entre los partidos: los del voto duro mayor están más cómodos con una alta abstención y muchos votos nulos.
¿Quiere usted castigar a los “grandes”?: vote por un chico. Vea cuáles son negocios familiares (el Verde que, además, está contra la vida), vea cuáles son rémoras oportunistas colgadas de los “grandes”, piense y vote. No va usted a ganar, va a darle espacio a voces nuevas: experimente. Si el voto a los chicos es significativo, quizá los grandes empiecen a pensar en los electores. No hay más que los bueyes grandes para arar y, en lugar de boxear, queremos que aren de consuno por el bien de México.

viernes, 5 de junio de 2009

El operativo


Luis Javier Garrido
Las decisiones políticas tienen también repercusiones económicas y el gobierno panista de facto de Felipe Calderón parece ignorarlo.
1. El desastroso espectáculo de este gobierno, que será siempre ilegítimo y que no gobierna, mientras se continúan agravando los principales problemas del país, es ya crítico porque en estas semanas aparece limitado a preparar operativos mediáticos de corte político-electoral, que están teniendo también hondas repercusiones en la economía del país, a la que ha prácticamente destrozado Calderón con sus iniciativas.
2. La derecha mexicana no tiene un proyecto nacional, y la gravísima situación financiera, económica y social por la que atraviesa México no es más que consecuencia del desenfrenado saqueo que ha sufrido bajo el gobierno de la camarilla de Calderón, pero también de la estulticia de éste para tomar decisiones políticas, ignorando que tienen repercusiones económicas. Con un gobierno panista, se decía hace unos años, la economía marcharía bien porque los dueños del capital nacionales y extranjeros tendrían confianza, y lo que se ve es lo contrario, como lo acaba de informar el Banco de México, dando a conocer que en los últimos ocho meses salieron del país 14 mil 650 millones de dólares (La Jornada, 4 de junio).
3. Los problemas nacionales no hacen más que crecer, el desastre en el campo es cada vez mayor, el desempleo es ya desenfrenado, como el empobrecimiento de la gente, las empresas pequeñas y medianas siguen desapareciendo y Calderón no atina más que a fotografiarse una y otra vez con las fuerzas armadas en un ritual cada vez más ridículo, y a ordenar que se hagan detenciones sin ton ni son pero con criterios político-electorales, a sabiendas de que el PAN va a perder las legislativas de 2009, de no mediar un macrofraude electoral.
4. El fracaso de los estrategas de la derecha en el intento de levantar a través de los medios la imagen de Calderón, de su partido y de su gobierno, se debe no sólo al origen ilegítimo de éste, a su mediocridad personal y a sus políticas contrarias a los intereses populares, sino también a su talante ultraderechista y faccioso. Antonio Solá, presidente de la empresa Ostos y Solá, y “asesor principal” o “gurú” (como allá se le llama) de la campaña perdedora del PP español en 2008, y también del espurio mexicano, se lamentaba en la primera plana de El País de ayer, quizás pensando también en México, de no poder hacer demasiado ahora para las elecciones europeas porque quien encabeza las listas del partido de Aznar y de Rajoy –los mentores de Calderón– es, decía, “muy de derechas”.
5. En el caso de México hay algo, sin embargo, muy grave, en que los analistas no parecen reparar, y es que las políticas ya abiertamente fascistoides de Calderón y del PAN los han llevado no sólo a cometer todo tipo de tropelías contra los ciudadanos sino que están construyendo en el país un marco seudoconstitucional y seudojurídico, con la complicidad del PRI y del sector más corrompido del PRD, equiparable al que existía en la España franquista o en el Chile de Pinochet, que tiende a permitirles a los cada vez más numerosos aparatos represivos o “de seguridad” oficiales pasar por encima de los derechos fundamentales de los mexicanos, realizando detenciones sin órdenes de un juez, o lo que ha sido una de las obsesiones de Calderón: la posibilidad de violentar los domicilios particulares también sin tener una orden judicial.
6. El gobierno de los grupos de ultraderecha que asaltaron el poder en 2006 a través del fraude electoral ha constituido en los hechos un poder depredador, pues ha proseguido en su empeño de desmantelar con criterios neoliberales el marco constitucional mexicano en lo relativo tanto a los derechos originarios de la nación como a los derechos sociales del pueblo mexicano –que le daban sentido a la Constitución de 1917 y constituyeron el programa de los gobiernos posrevolucionarios–, pero con Calderón se ha empeñado también en atentar contra el capítulo de las garantías individuales y, sobre todo, en hacer trizas las garantías judiciales, lo que poco tiene que ver con una pretendida guerra contra el crimen.
7. Las contrarreformas legales –y en algunos casos constitucionales– que han ido aprobándose supuestamente para luchar contra el narco, en realidad constituyen una amenaza para la ciudadanía y para los movimientos sociales, pues retrotraen en más de un siglo el reloj de la historia, al pretender crear un Estado policiaco sustentado en una maraña de leyes sin pies ni cabeza. La contrarreforma judicial de 2008 sentó las bases para “regularizar” a la inconstitucional Policía Federal Preventiva o PFP, al tolerar a cuerpos policiacos no precisados, y ésta ahora se transforma en Policía Federal (PF), dependiente de la Secretaría de Seguridad Pública, con nuevas atribuciones, buscando ocultar su negro historial de violación de los derechos de los mexicanos en los últimos años. La llamada Ley de la Policía Federal, publicada en el Diario Oficial del lunes primero de junio, es un engendro seudojurídico más, pues busca “legalizar” este cuerpo policiaco inconstitucional, haciéndolo pasar de policía preventiva a policía investigadora de los delitos, y duplicando de esta manera las funciones de la antes llamada Policía Judicial Federal, luego Agencia Federal de Investigación o AFI, y ahora Policía Federal Ministerial o PFM, dependiente de la Procuraduría General de la República, responsable de la investigación de los delitos federales.
8. El desastre institucional y legal es absoluto, pues amparándose en los nuevos principios aberrantes, dichos cuerpos podrían ya en los hechos realizar arrestos sin mandamiento judicial, allanar domicilios, intervenir llamadas telefónicas y dispersar manifestaciones libres, con lo que el escenario social y político de México se va a deteriorar aún más. Un operativo como el bárbaro llevado a cabo en Atenco en 2006, ahora sería “legal”, y por eso algunos se preguntan ¿dónde están las barras, colegios y asociaciones de abogados penalistas? ¿Cómo es posible que se esté degradando así la situación en México?
9. El miedo de Calderón y de sus amigos al pueblo de México los ha llevado a destruir las instituciones públicas como jamás se había hecho en el pasado en ningún momento de nuestra historia.
10. El verdadero operativo que hay en el país es, como se ve, el de consolidar en el poder económico y político de México a una serie de mafias de poder, que están saqueando nuestros recursos estratégicos, y que encabezadas formalmente por Calderón constituyen el verdadero crimen organizado, aunque muchos parezcan no darse cuenta.

jueves, 4 de junio de 2009

¿Para qué sirve el voto nulo?

Octavio Rodríguez Araujo
Con base en la información del Instituto Federal Electoral, la lista nominal de ciudadanos con derecho a voto consta de 77 millones 481 mil 874 personas. Algunos analistas han pronosticado que en la próxima elección federal del 5 de julio habrá entre 65 y 70 por ciento de abstención, lo que significaría, en la máxima abstención calculada, que sólo asistirían a votar poco más de 23.3 millones de ciudadanos. Los partidarios del voto nulo, por tanto, se dirigen a éstos y no a los más de 54 millones de mexicanos que probablemente se abstengan de sufragar.
Entre los promotores del voto nulo, en otros países también llamado voto en blanco, hay algunos que cuentan con blogs y otro tipo de representaciones en Internet, unos con más fundamento que otros. En todos los casos se lee una cierta posición en contra del sistema político y de los partidos, y se fundan sus esperanzas en la ciudadanía como si los políticos no formaran parte de ésta o fueran extraterrestres.
Esta propuesta tiene varios puntos flojos. El primero es creer que la ciudadanía no vive parcialidades subjetivas e intereses individuales de diversas orientaciones; es decir, se soslaya que es pluriclasista y que no son comparables los habitantes de los estados prósperos del país, incluido el Distrito Federal y buena parte de su zona metropolitana, y los de las entidades federativas donde radica el mayor número de pobres y de marginados de México. Más aún, se pasa por alto que en una misma ciudad no son semejantes los que viven en Las Lomas y Polanco, por ejemplo, con los habitantes de Iztapalapa o Milpa Alta, para sólo referirme a la ciudad de México. Ligado con esto, se omite que sólo un poco menos de 25 por ciento promedio de la población tiene acceso a Internet, y que incluso en este porcentaje general deben distinguirse las zonas del país más prósperas de las más marginadas. Los seis estados de la frontera norte y el Distrito Federal no tienen comparación, por cuanto a acceso a Internet, con los estados del centro y sur del país. En los primeros el acceso a la red es de casi el doble que en los demás. De ese 25 por ciento de la población que usa Internet, incluidos muchos menores de 18 años, ¿cuántos y por qué artes o inspiración, consultarán los blogs que llaman a anular el voto? ¿Cuántos están interesados en las páginas de contenido político, incluidos los periódicos que pueden ser consultados por medios electrónicos? ¡Qué bueno que existan páginas con intenciones de orientar o desorientar políticamente a la población! Pero, por favor, bájense de su pedestal. Pecar de soberbia puede ser peligroso, y el menor de sus riesgos sería ser víctima de la ingenuidad y del wishful thinking; es como si yo creyera que todos los lectores de La Jornada me leen y, peor, que influyo en ellos. Si en Estados Unidos muchos pensaron que mediante Internet y redes sociales podían llevar a Obama a la Casa Blanca (como en buena medida ocurrió), tenían una base de realidad que México no tiene; esto es, que 220 millones de estadunidenses (72.5 por ciento de la población total) tenían acceso a Internet en 2008 (datos de Internet World Stats).
Llamar a anular el voto es dejar, deliberadamente, que los que sí votan, por pocos que sean, elijan a los diputados por todos los demás, es decir por los abstencionistas y por quienes anulen su voto. Es dar un cheque en blanco a quienes triunfen de la próxima contienda. Estos dirán: si no votaste por mí no te debo nada, aunque por lo general digan lo mismo a los que sí votaron por ellos, pues nuestros diputados, con algunas excepciones, son bastante cínicos y nada o muy poco comprometidos con sus electores.
El cinismo de la mayor parte de nuestros políticos es ampliamente conocido, al igual que la poca o nula eficacia de las instituciones creadas teóricamente para atender las necesidades de la población. ¿Por qué, entonces, los promotores de la abstención o del voto nulo piensan que los van a afectar y/o a sensibilizar con el “látigo del desprecio” ciudadano al no acudir a las urnas o al echar a perder su voto?
La abstención, como el voto nulo, no conmueve a nadie ni cuestiona en serio la legitimidad de un candidato ganador. Cuando los serbios quisieron buscar la mayor participación legitimadora de los votos para la presidencia de la república, estableciendo que si en la segunda vuelta de la elección presidencial no sufragaba por lo menos la mitad de los votantes los partidos/candidatos tendrían que ir a nuevos comicios, se frustraron, ya que en las dos elecciones presidenciales llevadas a cabo en 2002 no se alcanzó el voto de 50 por ciento del registro de electores. En consecuencia, para las elecciones de 2003, la Asamblea Nacional de ese país modificó la ley estableciendo que ese 50 por ciento de votantes debía ser el mínimo en la primera vuelta, y no en la segunda como estaba estipulado. Sólo en los regímenes totalitarios monopartidistas la abstención es menor a 10 por ciento. En las democracias, por imperfectas o perfectas que sean, suele ser mucho mayor y ningún gobernante es de mayoría real, mucho menos un diputado, pero ahí están.
Si de veras se quisiera reprobar y rechazar en todos sentidos a la llamada clase política, mejor hubiera sido organizar desde hace tiempo (y no al cuarto para las 12) un grande y masivo movimiento en su contra y no convocar a la abstención o al voto nulo (que será secreto e íntimo) y que, al final, lo único que producirá será una satisfacción muy personal, pero no un movimiento organizado en contra del sistema. Y si el rechazo es sólo individual, aunque por su suma parezca colectivo, deberá tomarse en cuenta que los gobiernos siempre podrán absorber y paliar esa inconformidad individual, como bien lo hizo Salinas con su Programa Nacional de Solidaridad, para sólo poner un ejemplo de un candidato que, con todo y fraudes, no obtuvo siquiera el voto de 25 por ciento del padrón electoral en 1988.
El único movimiento social más o menos articulado nacionalmente en estos momentos es el que ha venido construyendo López Obrador, y no tiene nada que ver con el abstencionismo ni con el voto nulo. ¿Por qué no mejor fortalecerlo en lugar de militar en su contra a cambio de la satisfacción íntima y a la vez desorganizada de no acudir a las urnas o de votar en blanco? Para mí es obvio que después del voto nulo, por masivo que pueda ser (que no será), no pasará nada: ni los “anulistas” se organizarán ni surgirá de ahí movimiento alguno, pero Calderón y su partido estarán muy agradecidos.

martes, 2 de junio de 2009

Focos rojos en universidades

Néstor Martínez Cristo
La decisión del gobierno federal de aplicar recortes a los presupuestos de diversas dependencias e instituciones como medida para enfrentar la crisis económica encendió los focos rojos en las universidades públicas.
Rectores y directores de instituciones públicas de educación superior de todo el país manifestaron de inmediato su preocupación y comenzaron el cabildeo, ante la posibilidad de que la medida pudiera alcanzarlos y afectar aún más sus ya de por sí magros presupuestos.
No es para menos. Nadie puede afirmar que la enseñanza, particularmente la superior, ha sido prioridad gubernamental en décadas recientes. Por el contrario, el sector es uno de los más castigados por las recurrentes –por no decir casi permanentes– crisis económicas sufridas por el país, y las universidades públicas, una y otra vez, han tenido que pagar los costos.
La mayoría con enormes carencias y otras de manera casi heroica, las universidades públicas realizan sus tareas sustantivas de enseñanza, investigación y extensión. Ante una demanda estudiantil creciente, que incluso amenaza con desbordar el sistema en su conjunto, también cumplen con su responsabilidad social de dar cabida al mayor número de alumnos posible, en más de un caso hasta el límite de su capacidad instalada.
No sólo eso. Mediante su trabajo cotidiano, esas instituciones otorgan al país un elemento fundamental que, no obstante, pareciera ser poco valorado o simplemente desconocido por los gobiernos: estabilidad social, la cual se traduce finalmente en factor de gobernabilidad.
Apenas el jueves pasado, unos 40 rectores se reunieron en privado con el todavía nuevo titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), a quien, entre otras cosas, alertaron sobre los enormes riesgos sociales que podría acarrear el que las instituciones de enseñanza superior no cuenten con los recursos suficientes para llevar a cabo sus tareas.
Dijeron, con absoluta razón, que la estabilidad de sus universidades es factor de gobernabilidad en el país, y advirtieron que si la aportación que éstas hacen no se corresponde con financiamiento, se corre el riesgo de “la descomposición social”.
Al día siguiente, reunidos en la 18 asamblea extraordinaria de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, los rectores insistieron en que un recorte a los presupuestos significaría llevar a éstas a “un callejón sin salida”, y demandaron que la SEP garantice que no se tocarán los recursos ya establecidos.
De acuerdo con las notas periodísticas, hubo algún rector que inclusive dijo que las autoridades gubernamentales tendrían que entender que no es conveniente “despertar al león dormido”. Los universitarios, habría dicho, “seguimos siendo respetuosos, porque queremos a este país y confiamos en que los gobiernos son nuestros aliados”.
En ninguna de las dos reuniones los rectores pudieron obtener de su contraparte más que el tibio ofrecimiento de interceder ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para intentar evitar un eventual recorte. Esto con la premisa de que no existe compromiso de la autoridad hacendaria para exentar a las universidades públicas de los ajustes.
Lejos de quedar satisfechos, los rectores admiten estar preocupados por la “bomba de tiempo” que se cierne no sólo sobre las instituciones de enseñanza superior, sino que amenaza, sin duda, la estabilidad del país. Y no es retórica.
El panorama económico, político y social en México es preocupante y este año será extraordinariamente complejo. La contracción en los precios del petróleo, los terribles costos que ha implicado la lucha contra el crimen organizado, la emergencia sanitaria y la caída del producto interno bruto son factores económicos que efectivamente obligan al gobierno a reorientar el gasto público.
Pero el gobierno calderonista deberá pensar dos veces antes de meter mano a los dineros ya aprobados para las universidades. En estos momentos de crisis parecería un despropósito y sería otra muestra clara de falta de sensibilidad política.
Las voces de los rectores son dignas de escucharse y atenderse. De tanto que son repetidas, sus demandas parecieran carecer de sentido. No es así. La falta de ciencia en México para enfrentar contingencias como la del virus de la influenza representó una dolorosa lección para los gobiernos que desoyeron las recomendaciones de invertir en investigación y desarrollo.
Las universidades hacen bien en encender los focos rojos y hacer sonar sus alarmas. El riesgo de un brote desestabilizador en cualquiera de ellas es real. No es exageración. Las universidades son caldo de cultivo, y las condiciones económicas, políticas y sociales del país lamentablemente parecen estar dadas.
nestormc63@hotmail.com

Partidocracia en contra del voto independiente

Marco Rascón
La ciudadanía se construye; el ser civilizados es una obra educativa que depende del ejercicio de obligaciones y derechos. En ello, la construcción de reglas políticas es fundamental para distinguir entre un sistema democrático o uno autoritario, entre una democracia representativa o una partidocracia.
México lleva en “transición” más de 30 años, desde la reforma política de 1977 que se abrió el registro al Partido Comunista Mexicano (PCM) y nació la representación plurinominal. Lo que fue avance original para el pluralismo, paulatinamente se fue cerrando.
No obstante, las reformas electorales han sido muchas en favor de los partidos y pocas o cada vez más combatidas, las que tienen que ver con la ciudadanización de la política. Una de las más recientes ha sido sacar de la cuenta de los votos válidos el rechazo general a todos los partidos o el voto por candidatos independientes, que son considerados “votos nulos”.
El pasado viernes 29 hubo dos acontecimientos para el debate electoral. El primero es histórico, pues el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) decidió admitir la demanda de Elisa de Anda, candidata independiente a diputada federal por Coyoacán, en su juicio para la protección de los derechos políticos y electorales del ciudadano, contra la resolución del Instituto Federal Electoral (IFE) que le negó ese derecho. Esto es una resolución diferente del caso de Jorge Castañeda, como ella misma señala, pues los propios órganos electorales, como el TEPJF, serán los que tendrán que debatir sobre su derecho constitucional y como parte de las garantías individuales, que es el derecho de un ciudadano a ser votado, o si es válida la limitación del derecho exclusivo de los partidos políticos a postular candidatos y que da base a un régimen electoral cerrado y a una partidocracia cada vez más aislada de los objetivos de la sociedad. Esta es una decisión sin precedente, dado que se reconoce el derecho de una ciudadana para inconformarse contra el monopolio de los partidos a postular candidatos.
El otro acontecimiento de ese día fue el debate en el Consejo General del IFE en relación con el voto independiente, considerado “blanco” por los consejeros, el cual es clasificado oficialmente como “voto nulo” que, dijeron, “debilita nuestro sistema de partidos”, va “contra la ciudadanización de las elecciones”, “genera dudas” y crea “una cámara de diputados debilitada”, según Benito Nacif y Arturo Sánchez, consejeros, y Susana Monreal, representante perredista (La Jornada, 30/5/09, p. 9).
Esta visión desde el IFE niega por ignorancia los orígenes de los cambios electorales en el país a partir de una amplia movilización ciudadana que permitió avanzar en el derecho a la representación plural, la alternancia, contra el régimen de partido único y partido de Estado, por el respeto al voto, contra las prácticas fraudulentas, contra el clientelismo y el corporativismo, por la autonomía de los órganos electorales, por la ciudadanización de los consejeros.
En nuestros días el resultado de esa larga marcha por la democratización de la vida política –si bien hubo alternancia y desapareció formalmente el partido de Estado o único– reportó nuevos vicios, que hicieron que se separaran los intereses de los partidos de los objetivos de la ciudadanía.
Tanto en lo que significa la función de los legisladores como de los gobernantes, da lo mismo si son de un partido u otro. Los colores y las siglas, como símbolos de la identidad ideológica y en conjunto de la pluralidad, se tornaron en un gris general donde lo mismo da votar por uno que por otro.
Es urgente, entrar en la crítica frontal de la partidocracia y la descomposición del actual sistema de representación política, pues lo que se está construyendo no son cambios ni mejorías, sino una tendencia hacia las formas autoritarias y las salidas de fuerza.
Los recientes acontecimientos, como la ineptitud sanitaria; las revelaciones de Miguel de la Madrid a Carmen Aristegui y las respuestas de Carlos Salinas y su hermano Raúl; los excesos en gastos de campaña y el costo de los medios en elecciones; el cruce de línea o frontera que separaba hasta hace unos días el narcotráfico de la política y que ahora se convierte en un solo tema; las luchas entre nepotismos; las campañas de odio entre candidatos y partidos; el canibalismo de votos entre aliados; el voto confuso; la falta de propuestas y programas; las consignas vacías; la mutación de una cámara a otra, de un puesto a otro; los acuerdos secretos entre partidos; las alianzas inconfesables. Todo es causa del desencanto, la abstención o el voto nulo y es lo que le responde a la partidocracia.
Este 5 de julio, votar independiente e instalar mesas alternas para expresar en un mural el sentido de nuestro voto, son propuestas desde una sociedad que busca retomar la iniciativa contra la paralización y la polarización maniquea de los partidos, que se disputan el vacío.
http://www.marcorascon.org